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lunes, 11 de marzo de 2013

Can Bisa / Batlle i Roig Arquitectes

Can Bisa es un caserón de finales del siglo XIX actualmente propiedad del Ayuntamiento de Vilassar de Mar. Asentada en la Riera de Cabrils, ocupa parte de una manzana en la cual existía una fábrica, en la actualidad ya derrumbada. Su valor histórico y patrimonial y la posición estratégica que ocupa en el conjunto urbano hicieron que el consistorio la considerase  idónea para ubicar en ella un equipamiento cultural y al mismo tiempo propusiera completar el conjunto con un edificio de viviendas  de protección oficial.

© Andrés Flajszer

El desarrollo del programa del equipamiento demostró la imposibilidad de dar cabida a la totalidad de usos en Can Bisa, que se destinó básicamente a despachos municipales mientras que el auditorio, el bar y las salas de reuniones se situaron en la planta baja del edificio de viviendas.

© Andrés Flajszer

El Plan General determinaba para las viviendas dos volúmenes de alturas diferentes unidos en forma de L, para respetar los gálibos de las calles y asentados sobre una base de mayor dimensión destinada a situar en ella el auditorio. La voluntad del proyecto fue la de unificar el volumen mediante una única cubierta en pendiente, construir una fachada continua hacia las calles desde las que se accede a las viviendas y articular la volumetría interior para favorecer la relación con el caserón. El pasaje que se genera entre ambos edificios se convierte en el acceso principal al conjunto. Su dimensión la asimila más a un patio y juntamente con los jardines alrededor de Can Bisa conforman unos espacios de tiempo libre y ocio que complementan la oferta de actividades del equipamiento. Unas macetas creadas expresamente por la ceramista Carme Balada ordenan el conjunto.

© Andrés Flajszer

Tanto el edificio de viviendas como el caserón se tratan con un acabado superficial de estuco blanco texturado en franjas de anchura variable. Los balcones y pórticos son metálicos y las celosías, cerámicas. En una de las fachadas se recupera de manera testimonial un fragmento de la antigua fábrica.

Planta Baja

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sábado, 2 de febrero de 2013

Centro para Mayores La Vorada/ taller 9s arquitectes

El edifcio se emplaza sobre un parque lineal que se alarga de norte a sur. El edificio se situa de forma compacta en la parte superior del solar, encarado al sur, aprovechando al máximo el sol y las vistas y generando un gran patio a sur, factores importantes en un centro para gente mayor.

© Adrià Goula Sardà

El edificio se plantea con un lenguaje fácil y comprensible, que se resume en un volúmen único en planta piso, blanco, ligero, que se apoya sobre las ‘cajas servidoras’ de planta baja que tienen la vocación de entenderse como un repliegue de la misma valla de la parcela, y que acota una parte del jardín, del parque lineal, controlado, protegido y climatizado.

© Adrià Goula Sardà

La entrada del edificio se abre sobre la calle peatonal prevista en el límite norte de la parcela, recogiendo los flujos del este, donde se situa el centro de la población, y del norte-sur, a lo largo del parque lineal previsto. La entrada reconoce este eje norte-sur y lo alarga hacia el patio, prolongándolo hasta el otro límite del solar, donde se ubica un segundo acceso.

© Adrià Goula Sardà

El edificio se entiende como una parte más del parque linial, un trozo de parque acotado y controlado, vertebréndose con éste a nivel de vegetación y de visuales. Desde el vestíbulo de acceso se busca tener una lectura clara del edificio y de las actividades que se desarrollan. El vestíbulo se desdobla en dos plantas, aproximando físicamente y visualmente todos los usos, facilitando los recorridos y potenciando las vistas cruzadas norte-sur, hacia el patio y el parque (y las montañas lejanas). El edificio ofrece la posibilidad de pasear por las diferentes áreas de forma fluida.

© Adrià Goula Sardà

Los espacios servidores se situan a norte (servicios, cocina, almacenes…) y los espacios públicos se abren a sur. Por otro lado, los espacios más atractivos y de mayor afluencia (como el comedor social) se situan en planta baja y los espacios de acividades más controladas y con requerimientos más específicos, en el piso superior.

© Adrià Goula Sardà

La sala polivalente se situa en planta baja, a sur, en contacto directo con el patio, del cual es una prolongación. Un porche a lo largo de toda la fachada, la zona pavimentada, los bancos…hacen del exterior un espacio rico que potencia y cualifica, no sólo visualmente, sino espacialmente, las actividades de este espacio. En la planta primera, los espacios del gimnasio, manualidades y lectura, se abren a una terraza, un espacio mixto interior-exterior, protegido del sol por tendales, aporovechable en verano, vinculandose al jardín por medio de una escalera.

© Adrià Goula Sardà

Los espacios están concebidos para que tengan un asoleo óptimo y controlado, tanto en verano como en invierno, por medio de porches, terrazas, tendales…reduciendo en un 50% el gasto en iluminación artifical. Y con la iluminación, la ventilación ha sido otro factor importante de diseño, facilitando el paso de aire de norte a sur; en la sala, mediante la creación de un ‘exutorio’ en la parte posterior que también sirve para llenar de luz el pasillo de la planta primera.

© Adrià Goula Sardà

Se ha optado por materiales y soluciones constructiva senzillas (obra vista para el zócalo, revoco monocapa para el volúmen superior…) con un buen envejecimiento y mantenimiento. La cubierta alta se plantea vegetal, a parte de ser un elemento paisajístico en un entorno de futuros bloques altos, permite mejorar la inercia térmica del edificio.

Corte

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domingo, 27 de enero de 2013

Can Bisa / Batlle i Roig Arquitectes

Can Bisa es un caserón de finales del siglo XIX actualmente propiedad del Ayuntamiento de Vilassar de Mar. Asentada en la Riera de Cabrils, ocupa parte de una manzana en la cual existía una fábrica, en la actualidad ya derrumbada. Su valor histórico y patrimonial y la posición estratégica que ocupa en el conjunto urbano hicieron que el consistorio la considerase  idónea para ubicar en ella un equipamiento cultural y al mismo tiempo propusiera completar el conjunto con un edificio de viviendas  de protección oficial.

© Andrés Flajszer

El desarrollo del programa del equipamiento demostró la imposibilidad de dar cabida a la totalidad de usos en Can Bisa, que se destinó básicamente a despachos municipales mientras que el auditorio, el bar y las salas de reuniones se situaron en la planta baja del edificio de viviendas.

© Andrés Flajszer

El Plan General determinaba para las viviendas dos volúmenes de alturas diferentes unidos en forma de L, para respetar los gálibos de las calles y asentados sobre una base de mayor dimensión destinada a situar en ella el auditorio. La voluntad del proyecto fue la de unificar el volumen mediante una única cubierta en pendiente, construir una fachada continua hacia las calles desde las que se accede a las viviendas y articular la volumetría interior para favorecer la relación con el caserón. El pasaje que se genera entre ambos edificios se convierte en el acceso principal al conjunto. Su dimensión la asimila más a un patio y juntamente con los jardines alrededor de Can Bisa conforman unos espacios de tiempo libre y ocio que complementan la oferta de actividades del equipamiento. Unas macetas creadas expresamente por la ceramista Carme Balada ordenan el conjunto.

© Andrés Flajszer

Tanto el edificio de viviendas como el caserón se tratan con un acabado superficial de estuco blanco texturado en franjas de anchura variable. Los balcones y pórticos son metálicos y las celosías, cerámicas. En una de las fachadas se recupera de manera testimonial un fragmento de la antigua fábrica.

Planta Baja

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